<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[LA VIDA MÍA: La vida mía]]></title><description><![CDATA[El género más viejo del mundo: mirar y preguntarse. Reflexiones y observaciones.]]></description><link>https://memorante.substack.com/s/la-vida-mia</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!fTLE!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F4cf49b62-614c-48a5-a629-84e24830a1ba_500x500.png</url><title>LA VIDA MÍA: La vida mía</title><link>https://memorante.substack.com/s/la-vida-mia</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Thu, 18 Jun 2026 17:36:38 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://memorante.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Val.]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[memorante@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[memorante@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Val.]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Val.]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[memorante@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[memorante@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Val.]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Lo que escribe en la pared la tribu de tu calle]]></title><description><![CDATA[La despedida de un portavoz de la gente, el espejo de un pueblo que no termina de animarse a mirar de frente.]]></description><link>https://memorante.substack.com/p/lo-que-escribe-en-la-pared-la-tribu</link><guid isPermaLink="false">https://memorante.substack.com/p/lo-que-escribe-en-la-pared-la-tribu</guid><dc:creator><![CDATA[Val.]]></dc:creator><pubDate>Mon, 08 Jun 2026 23:34:52 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3fa92ffc-0051-4a32-b43c-187eff55ea47_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Curioso, lo de no saber que tenemos un idioma hasta que alguien nos lo devuelve escrito. Entonces lo reconocemos como un sustrato cultural, sedimentado en capas que la urgencia cotidiana no nos permite examinar. Las letras del Indio nombraban esas cosas que ya exist&#237;an sin nombre, le confer&#237;an un cuerpo verbal a esa zona liminal donde todav&#237;a habita un pueblo que aprendi&#243; a ganar y a perder, muchas veces en un mismo movimiento y sin que la victoria alcance jam&#225;s para borrar la derrota que se cuela dentro.</p><p>Los Redondos, y una lista importante de artistas nacionales, me llegaron a trav&#233;s de mi viejo, sin ceremoniales ni pedagog&#237;as. Fue de esa forma en la que se transmiten las cosas que se nos quedan en la memoria. Como m&#250;sica de fondo, mientras la vida transcurr&#237;a sin que me detuviera a observarla porque cuando era chica observaba otro mundo, ajeno a esto que tengo ahora.</p><p>Con esos artistas lleg&#243; a m&#237; una forma de escuchar el mundo que tard&#233; muchos a&#241;os en descifrar y que, sospecho, todav&#237;a voy descifrando en sus estratos m&#225;s rec&#243;nditos. Y qu&#233; bendici&#243;n.</p><p>En estos d&#237;as aparece una imagen en mis desvar&#237;os por el pasado. Pogos torpes en fiestas de la secundaria, cuerpos que ejecutan un ritual sin comprender su genealog&#237;a, impelidos por letras que tampoco entienden cabalmente, pero que convocan hacia alg&#250;n lugar impreciso y necesario. Accesorios con un PR rojo, extraviado en alg&#250;n recodo del tiempo junto con los dem&#225;s objetos que se portan sin saber para qu&#233;.</p><p>La impronta, sin embargo, no se desvanece con las cosas que la sostuvieron.</p><p>Lo que tampoco descifraba, en ese entonces, era la animadversi&#243;n que suscitaba el Indio. No indiferencia, que es lo que reservamos para lo prescindible, sino hostilidad genuina y sostenida, de esas reacciones que s&#243;lo provoca lo que interpela sin permisos ni salidas c&#243;modas. Una hostilidad que se enfrentaba a la devoci&#243;n de sus seguidores, igual de destemplada. Dos fuerzas que se repel&#237;an y se atra&#237;an con la misma intensidad, incapaces de coexistir en temperatura moderada.</p><p>Capaz estoy exagerando. Tard&#233; tiempo en entender que esa polaridad, exagerada o no, no era una falla porque lo que no genera reacci&#243;n es porque no toc&#243; nada verdadero. Pero, en el clima de estos d&#237;as, tenemos que aprender a separar a un &#237;dolo, de un &#237;dolo popular.</p><p>El primero es una figura administrada cuya transgresi&#243;n se calibra para no cruzar umbrales inc&#243;modos y para generar adhesi&#243;n dentro de m&#225;rgenes seguros. El segundo, emerge desde abajo. Sobrevive hablando un idioma que construye &#233;l mismo y que, por sorpresa o por intenci&#243;n, termina siendo tambi&#233;n el idioma de todos.</p><p>El Indio era lo segundo, con toda la grandeza y la contradicci&#243;n que eso entra&#241;a. Ten&#237;a una filosof&#237;a propia, inclasificable, que amalgamaba la irreverencia sobre el poder y sus mecanismos. Desconfiaba de las instituciones sin volverse panfletario, se&#241;alaba la corrupci&#243;n sin perder el humor corrosivo.</p><div class="pullquote"><p><em>Un mudo con tu voz, y un ciego como yo.</em></p></div><p>Esa imagen que brota de alguien que mir&#243; la realidad y encontr&#243; en el absurdo su territorio m&#225;s fecundo.</p><p><em>Vencedores vencidos</em> naci&#243; para narrar la sociedad argentina que hab&#237;a derrotado a la dictadura militar, pero cazada por el sistema que continuaba dominado por los mismos sectores de poder que la hicieron posible y la sustentaron.</p><p>Para el Indio, &#233;ramos todos eso, gente que conquist&#243; algo y encontr&#243; el terreno ya ocupado, que gana una batalla y descubre que las estructuras son m&#225;s longevas que los enfrentamientos que supuestamente las desmantelan.</p><div class="pullquote"><p><em>Leyendo diarios en un ba&#241;o turco, empa&#241;ando Ray-Bans, mascando un hueso.</em></p></div><p>El poder que se regodea en sus propios privilegios mientras el resto se conforma con los despojos es el retrato permanente de un pueblo condenado a ganar y perder en simult&#225;neo, a reconocerse en la euforia colectiva y despertar al d&#237;a siguiente en el mismo suelo de siempre, <em>un par de monos m&#225;s, unos terr&#237;colas</em>, con la victoria intacta y la derrota tambi&#233;n, coexistiendo.</p><p>El triunfo que no termina de serlo porque las estructuras, como buenos ovejeros, descansan en manto negro y vuelven.</p><p>Lo extraordinario es que esa descripci&#243;n, escrita para cristalizar un momento hist&#243;rico, result&#243; ser la condici&#243;n de un pueblo que hereda, sin haberlo pedido, la paradoja de ser, siempre, vencedor y vencido al mismo tiempo.</p><div class="pullquote"><p><em>Ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbios.</em></p></div><p>Entonces lleg&#243; el viernes. El Indio muri&#243;.</p><p>La gente sali&#243; a la calle y la polic&#237;a la reprimi&#243; en pleno duelo, golpe&#225;ndola con un sistema que tampoco emiti&#243; condolencias, y excusas de pl&#225;stico para negar ese &#250;ltimo cobijo que s&#237; tuvieron otros grandes &#237;dolos populares. Parece ser que la tristeza congregada es, intr&#237;nsecamente, subversiva.</p><p>Un sistema que no detuvo, aunque hubiera querido, a los diez kil&#243;metros de procesi&#243;n que acudieron a llorar, despedir y agradecer el cierre de una etapa a un portavoz popular. <em>Teatro antidisturbios, </em>una met&#225;fora que se cumpli&#243; con tal puntualidad que habr&#237;a resultado c&#243;mica si no fuera tan exacta.</p><p>Un pueblo al que le niegan el duelo en sus propias instituciones es un pueblo al que le est&#225;n confirmando, una vez m&#225;s, d&#243;nde est&#225; parado y qui&#233;n decide hasta d&#243;nde manda.</p><p>&#12644;&#12644;</p><blockquote><p><em>Creo que hay otras formas de participar en la democracia para lograr que la democracia sea fuerte que tiene que ver con la cultura, con la manera en la que uno ve la revoluci&#243;n. Es a trav&#233;s de la literatura, del arte, a trav&#233;s de cualquier manifestaci&#243;n que nos acerque emotivamente y dicha con virtud, para que uno tenga alma para luchar contra los enemigos de la justicia social y todas esas formas de sojuzgamiento que hay contra los pueblos en general.</em></p><h6>Carlos Alberto &#171;Indio&#187; Solari.</h6></blockquote><p>&#12644;&#12644;</p><p>Y, en un momento de fractura y de violencia discursiva y material acumuladas hasta la saturaci&#243;n, todav&#237;a hay algo capaz de convocar a un pueblo y recordarle que existe como tal, que hay un <em>nosotros</em> todav&#237;a operativo debajo de toda la grieta.</p><p>Un pueblo que siente junto no es equivalente a un pueblo fragmentado que siente por separado, aunque la suma aritm&#233;tica de la tristeza sea id&#233;ntica. Pero est&#225; el impulso que ese sentir mancomunado puede engendrar despu&#233;s en la conciencia renovada de  la <strong>tribu</strong> que existe y que sabe perfectamente d&#243;nde vive, y que su escritura en la pared todav&#237;a se puede leer.</p><div class="pullquote"><p><em>Me voy corriendo a ver qu&#233; escribe en mi pared la tribu de mi calle.</em></p></div><p>Las letras del Indio tienen la propiedad extra&#241;a de crecer con quien las escucha, de revelar estratos que no eran accesibles en una escucha anterior. Las que no comprend&#237;a a los quince las entiendo distinto a los <em>veintitantos</em>, y sospecho que a los cincuenta van a decir algo m&#225;s que, capaz, todav&#237;a no estoy en condiciones de escuchar.</p><div class="pullquote"><p><em>Y ahora tiro yo, porque me toca</em>.</p></div><p>Una voz que hablaba en nombre propio sin pretender hablar en nombre de nadie y, sin embargo, varias generaciones enteras encontraron en esas palabras algo que les pertenec&#237;a y que no hubieran podido encontrar en ning&#250;n otro lado.</p><p>Todos nosotros seguimos siendo eso, <em>vencedores vencidos</em>. Seguimos <em>leyendo en el vapor, empa&#241;ando los vidrios con el aliento, mascando lo que dejan</em>. Pero la tribu de la calle todav&#237;a escribe en la pared y, mientras escriba, habr&#225; algo que no se terminar&#225; de resolver en la direcci&#243;n que algunos preferir&#237;an.</p><p>El Indio se fue y nos dej&#243; el diagn&#243;stico m&#225;s n&#237;tido de la sociedad que nos est&#225; quedando. Sin llevarse nada que ya nos hubieran dado. Sin dejar nunca la vereda m&#225;s humana de esta calle de 4.000 kil&#243;metros de largo y 46 millones de corazones de ancho.</p><p>Buena suerte, y m&#225;s que suerte. A brillar.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Oíd, mortales, el grito]]></title><description><![CDATA[El himno ya sab&#237;a cosas.]]></description><link>https://memorante.substack.com/p/oid-mortales</link><guid isPermaLink="false">https://memorante.substack.com/p/oid-mortales</guid><dc:creator><![CDATA[Val.]]></dc:creator><pubDate>Tue, 26 May 2026 01:54:59 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/9e25fa4c-4afc-4224-b653-5dd85f0f60e9_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay algunas estrofas del Himno Nacional Argentino que casi nadie canta porque las recortaron por extensi&#243;n. Son de 1813 y hablan de invasores, de fieras que devoran a todo pueblo que logran rendir. Tres a&#241;os antes, un 25 de mayo, al virrey Cisneros lo rajaron del cabildo los representantes del pueblo argentino.  </p><p>Una querida amiga, uruguaya hasta la m&#233;dula, en una de sus <em>r&#225;fagas culturales </em>donde me cuenta cosas, me envi&#243; un <a href="https://www.youtube.com/watch?v=vtv5OiaeulQ&amp;list=RDvtv5OiaeulQ&amp;start_radio=1">cupl&#233;</a> de Do&#241;a Bastarda que tuvo el <em>honor </em>de ser declarado <em>no apto para todo p&#250;blico</em> por &#8220;promover la violencia verbal psicol&#243;gica con amenazas f&#237;sicas&#8221;. <em>Porque de pronto el arte es m&#225;s peligroso que una ojiva nuclear.</em></p><p>Pero antes de la dosis musico-teatral de realidad y crudeza, un Artigas personificado empieza pregunt&#225;ndole al p&#250;blico: qu&#233; har&#237;an por su patria. Artigas, un uruguayo que le puso el pecho a nuestra patria tambi&#233;n. Como sus compatriotas que hoy predican su cultura junto un argentino que se pone el folclore al lomo y que le bast&#243; eso pa&#8217; hacerse infame entre un grupo de alienados.</p><p>Pienso que nos olvidamos de que esa tambi&#233;n es una forma de hacer patria y es m&#225;s f&#225;cil tirar abajo cuando otro lo hace. Pero, &#191;y nosotros? &#191;Qu&#233; hacemos por la nuestra?</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://memorante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><p>El problema con los textos perdurables es que uno los abre esperando historia y encuentra el diario de hoy. Se los cita para conmemorar y se termina se&#241;alando. Esos cl&#225;sicos tienen esa insolencia de no envejecer y, para colmo, saber esperar.</p><p>A nosotros nos gusta joder con que el himno empieza diciendo <em>O&#237;d, mortales</em> como si estuvi&#233;ramos convocando al universo. Y en cierto modo, s&#237;. Pero otra cosa que olvidamos es que esa convocatoria no era arrogancia, sino hospitalidad. La misma hospitalidad con la que Argentina, constitucionalmente, abre sus puertas.</p><p>&#12644;</p><p style="text-align: center;"><em>&#191;No los veis sobre M&#233;jico y Quito</em></p><p style="text-align: center;"><em>arrojarse con sa&#241;a tenaz?</em></p><p style="text-align: center;"><em>&#191;Y cual lloran ba&#241;ados en sangre</em></p><p style="text-align: center;"><em>Potos&#237;, Cochabamba y la Paz?</em></p><p style="text-align: center;"><em>&#191;No los veis sobre el triste Caracas</em></p><p style="text-align: center;"><em>luto y llanto y muerte esparcir?</em></p><p style="text-align: center;"><em>&#191;No los veis devorando cual fieras</em></p><p style="text-align: center;"><em>todo pueblo que logran rendir?</em></p><p>&#12644;</p><p>Estrofas que le cantan a la libertad de todos los pueblos. M&#233;xico, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Uruguay, Per&#250;&#8230; Los nombra a conciencia de que la libertad de uno no se no se puede sostener si el de al lado est&#225; encadenado. Argentina naci&#243; mirando sus hermanos tambi&#233;n.</p><p>Hoy, de nuevo, es 25 de mayo. Temprano, en la Catedral Metropolitana, el arzobispo Garc&#237;a Cuerva le pidi&#243; a una clase dirigente que se anime al di&#225;logo, al encuentro, a la reconciliaci&#243;n. Lo hizo en medio de internas gubernamentales que se dirimen en redes sociales, a los insultos, mientras afuera la gente esfuerzos brutales para seguir apostando por un futuro. Doscientos diecis&#233;is a&#241;os despu&#233;s, nuestro himno resulta ser m&#225;s honesto que cualquier, pero cualquier, discurso oficial.</p><p>Sin embargo, si hay algo que recordar cuando alguien nos plantea que la historia es un accidente y que el presente es una elecci&#243;n personal, es que los pueblos no se someten solos. Necesitan a alguien afuera que empuje y a alguien adentro que <em>abra la puerta</em>.</p><p>&#12644;</p><p style="text-align: center;"><em>A vosotros se atreve &#161;argentinos!</em></p><p style="text-align: center;"><em>el orgullo del vil invasor,</em></p><p style="text-align: center;"><em>vuestros campos ya pisa contando</em></p><p style="text-align: center;"><em>tantas glorias hollar vencedor.</em></p><p style="text-align: center;"><em>Mas los bravos que unidos juraron</em></p><p style="text-align: center;"><em>su feliz libertad sostener,</em></p><p style="text-align: center;"><em>a esos tigres sedientos de sangre</em></p><p style="text-align: center;"><em>fuertes pechos sabr&#225;n oponer.</em></p><p>&#12644;&#12644;</p><p>Los tigres sedientos de sangre no siempre vienen con armas a la vista, pero tampoco sueltan esa premisa retr&#243;grada de que ciertos pueblos, ciertas pieles, ciertas lenguas y ciertas historias valen menos que otras. Enfundados tienen los elogios para quienes vinieron desde lejos dizque a civilizar una civilizaci&#243;n que parece no merecer el nombre de mundo, con lenguas que parecen no ser lenguas, con dioses que parecieran no serlo, con una historia que parece empezar s&#243;lo cuando <em>ellos</em> llegan.</p><p>Un pensamiento que no muri&#243; con el virreinato. Que aprendi&#243; a hablar de meritocracia, de eficiencia, de orden; a se&#241;alar la cultura como un lujo o la educaci&#243;n p&#250;blica como un gasto, o la memoria como un resentimiento. A mirar a los mayores, a los migrantes, a los cada vez m&#225;s pobres y a los ni&#241;os como variables para el ajuste.</p><p>Y a convencer a los convencidos de que ese orden les beneficia, cuando s&#243;lo son porteros. Los <em>alguien</em> que abren la puerta.</p><p>No es un fen&#243;meno argentino. Bolivia lo sabe, Venezuela lo sabe. Aunque lo que saben sea dif&#237;cil de contar sin que alguien te ubique inmediatamente de un lado o del otro. <em>&#191;Cu&#225;ndo nombrar el sufrimiento de un pueblo signific&#243; tomar partido por su gobierno?</em></p><p>En otro continente hay un ni&#241;o palestino que lleva sobre los hombros el peso de una <s>matanza</s> guerra que no pidi&#243; ni entiende, que otros escribieron y de la que algunos se adue&#241;aron. Y nombro ni&#241;os, porque de pronto dej&#243; de escandalizarnos hablar de adultos, de familias, de vidas. <em>&#191;Cu&#225;ndo empezaron a ser s&#243;lo n&#250;meros?</em></p><p>En otro, un gobierno decide qui&#233;n se muere como elige un guardarropa, mientras predica colonizaci&#243;n y una austeridad que s&#243;lo visten los de abajo.</p><p>En alg&#250;n lugar de Am&#233;rica hay un l&#237;der que mira hacia el sur con la misma hambre con la que antes mir&#243; hacia el este, y le llama a eso <em>soberan&#237;a</em>. Y s&#237;, alguien le est&#225; abriendo la puerta desde adentro.</p><p>En alguna calle de tu barrio hay por lo menos un ni&#241;o, jubilado o familia en situaci&#243;n de calle. Y en alguna plaza hay dirigentes casi desconocidos y reci&#233;n hibernados que, de cara a unas nuevas elecciones, pretenden condicionar el sufragio pr&#243;ximo a cambio de la llegada de recursos, porque para ellos los recursos son premios a la obediencia electoral y no una obligaci&#243;n constitucional.</p><p><em>&#191;Desde cu&#225;ndo representar al pueblo es un favor que se nos otorga y no una responsabilidad que se asume?</em></p><p>&#191;Por qu&#233; no preguntamos por qu&#233;? &#191;Por qu&#233;, si alguien pregunta, aparece la grieta? S&#237;, la grieta. El negad&#237;simo abismo conveniente que hace de cualquier incomodidad una bandera y de cualquier cuestionamiento una trinchera.</p><p>Es lo que m&#225;s cansa, digo. Que estar en contra de la muerte y la violencia te encasille, que se&#241;alar el hambre te haga sospechoso de ideolog&#237;a, que pedir que los representantes representen te ponga de un lado, cuando el &#250;nico lado que deber&#237;a importar es el de todos.</p><p>Qu&#233; siesta nos estamos pegando porque saber cansa y el <s>hartazgo</s> cansancio puede ser pol&#237;tico y nacional, tambi&#233;n. Qu&#233; l&#225;stima que sea lo que eventualmente nos una como naci&#243;n. Porque es m&#225;s f&#225;cil mirar para otro lado que mirar lo que tiene que doler y conmover; y m&#225;s c&#243;modo creer que la historia ya pas&#243;, que reconocer que est&#225; pasando ahora, que tiene nombres, direcciones, propiedades, cuentas llenas, causas encajonadas, bastante odio y consecuencias que alguien (o muchos <em>alguien</em>) est&#225; pagando mientras nosotros debatimos en las redes y el mundo sigue, porque siempre tiene que seguir. Porque no queda otra.</p><p style="text-align: center;">&#12644;<br><em>El valiente argentino a las armas</em></p><p style="text-align: center;"><em>corre ardiendo con br&#237;o y valor.</em></p><p style="text-align: center;"><em>El clar&#237;n de la guerra cual trueno</em></p><p style="text-align: center;"><em>en los campos del Sud reson&#243;;</em></p><p style="text-align: center;"><em>Buenos Aires se pone a la frente</em></p><p style="text-align: center;"><em>de los pueblos de la &#237;nclita Uni&#243;n,</em></p><p style="text-align: center;"><em>y con brazos robustos desgarran</em></p><p style="text-align: center;"><em>al ib&#233;rico <strong>altivo Le&#243;n</strong>.</em></p><p>&#12644;</p><p>Hay una palabra que el himno no usa pero que sobrevuela las estrofas: <strong>cipayo</strong>. La usaban para nombrar a los soldados colonizados que peleaban para el imperio que los oprim&#237;a. Hoy la usamos m&#225;s ampliamente y para <em>ellos,</em> <em>los otros</em>, evoca un discurso de odio. El arte es una amenaza, una opini&#243;n es una declaraci&#243;n de guerra, la educaci&#243;n es un problema y la salud un sobrante.</p><p><s>Hola, Argentina de 1970.</s></p><p>Con ese democratismo que caracteriza a los insultos rioplatenses, hoy aplicamos esa palabra sin distinci&#243;n de latitud ni de bandera. Pero la verdad es que escribir desde el odio es f&#225;cil y cansa m&#225;s. Escribir desde la perplejidad, en cambio, es m&#225;s lento.</p><p>Pero dura.</p><p>Escribir desde esa perplejidad de leer las estrofas de un himno de doscientos a&#241;os y encontrar precisiones actuales. La de que haya que seguir explicando, en cada generaci&#243;n que pasa, que los pueblos tienen derecho a gobernarse a s&#237; mismos; que la memoria no es un capricho pol&#237;tico, que los que no pueden m&#225;s tambi&#233;n cuentan y que todos tenemos la obligaci&#243;n moral de poner un grano de voz por ellos, que el sol no puede salir s&#243;lo para algunos y mucho menos a costa de los que quedan.</p><p>El sol sale para todos, desde los revolucionarios de mayo de 1810.</p><p>Ojal&#225; alg&#250;n d&#237;a no hubiera que seguir aclar&#225;ndolo.</p><p>&#12644;</p><p style="text-align: center;"><em>San Jos&#233;, San Lorenzo, Suipacha,</em></p><p style="text-align: center;"><em>Ambas Piedras, Salta y Tucum&#225;n,</em></p><p style="text-align: center;"><em>La Colonia y las mismas murallas</em></p><p style="text-align: center;"><em>del tirano en la Banda Oriental;</em></p><p style="text-align: center;"><em>son letreros eternos que dicen:</em></p><p style="text-align: center;"><em>&#8220;Aqu&#237; el brazo argentino triunf&#243;&#8221;.</em></p><p style="text-align: center;"><em>&#8220;<strong>Aqu&#237; el fiero opresor de la patria</strong></em></p><p style="text-align: center;"><em><strong>su cerviz orgullosa dobl&#243;</strong>&#8221;.</em></p><p>&#12644;&#12644;</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://memorante.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption"></p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Escribe tu correo electr&#243;nico..." tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Suscribirse"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p>&#12644;&#12644;</p><p>&#12644;&#12644;</p><p>&#12644;&#12644;</p><p>&#12644;&#12644;</p><h4>Notas</h4><p>No es un debate porque no hay debate que dar. Hay cosas m&#225;s importantes qu&#233; cuestionarnos, que el pensamiento de alguien que escribe en la esquina de una plataforma hecha para la expresi&#243;n. &#161;Viva la patria! <s>y viva la revoluci&#243;n</s>.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>